Primero, es importante notar que los partidos políticos no necesariamente tienen que ver con las elecciones. Claro está que en las democracias los partidos políticos se enfocan en las elecciones y cómo ganarlas. Pero también hay partidos políticos revolucionarios que se organizan, no para ganar elecciones, sino para tomar el poder por cualquier medio que sea.
Así que, en resumidas cuentas, las metas de los partidos políticos son la toma del poder y la dirección de la política.
Los partidos políticos europeos están claramente demarcados. Tienen miembros que se inscriben y pagan cuotas. El partido comunista en la antigua U.R.S.S. tenía unos 17 millones de miembros. Cada uno tenía que pasar por un período probatorio de un año antes de poder integrarse oficialmente al partido. El partido conservador británico tiene tres millones de miembros y cada uno paga su cuota.
Comparado con los partidos políticos europeos y latinoamericanos, los partidos norteamericanos tienen muy poca organización, y los miembros se obligan muy poco al partido. Por ejemplo, lo que hizo Joe Lieberman, el registrado demócrata que pasó al bando republicano para apoyar al candidato republicano, no se habría ocurrido en Europa ni en cualquier país de la América Latina. En esos países, esto habría sido una traición intolerable. Aquí en EE.UU. los miembros de los partidos políticos no se ven tan obligados a su partido. Claro está que en EE.UU. hay lealtad, pero no es tan inquebrantable.
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